Tengo sal en la herida, y tú ese cuerpo de vicio. Ya no invierto en más causas perdidas, tú no tienes prejuicios. Ya no gasto saliva, tengo perdido el juicio. La verdad es mentira, me muero de vida y a veces te saco de quicio. Tengo miedo y tengo sueño, tengo que seguir tus pasos, tengo que ponerle empeño y no te encuentro entre mis brazos.
Y es que he aprendido que no hay mejor luz que la de la luna bañando tu sonrisa, ni mejor paisaje que los pocos lunares de tu piel. Que no hay mejor concierto que los sonidos de miles noches de desenfreno, ni mejor música que tus carcajadas. Que la distancia entre tus brazos y los míos ha de ser cuanto menos mínima. Que al arcoiris le falta el color de tus ojos. Que no hay mejor abrigo que tu piel, ni mejor sabor que tus labios.
Solo quería pasarme por aquí, estar un rato en compañía de tu sonido, hoy las ganas se me han ido, como si les hubiesen salido alas. Me quedaría todo el día tirada en la cama y aportándole gotas al mundo pero tengo cosas mejores que hacer. Me relajas, y posiblemente cuando llegue a la última letra ya me hayas curado, eres de las mejores cosas que he conocido jamás, un canal para el dolor, o para la rabia.
Echo de menos muchas cosas, me pesan otras, extraño miles de momentos junto a grandes personas, pero sé que algunas ya no están y otras no estarán si no las cuido, pero tengo una gran contradicción, no quiero alejarme de lo que tengo ahora, es perfecto, es lo mejor, o quizás solo estoy convencida de ello. A mi la vida no me ha enseñado nada, señores, simplemente porque no la escucho cuando me habla, no quiero mirar cuando me hace ver los problemas y no quiero andar para salir del túnel cuando se derrumba, prefiero que alguien me saque de entre los escombros después. Soy así, insensatos del mundo, uníos a mi, formemos el club del desconcierto.
Soy bisílabo, suspiro, anhelo, deseo, timidez, sonrisa, pasamanos de madera, peldaños de la escalera, caracoles después de la lluvia, macarrones con tomate, miedo, desconcierto, insatisfacción, desesperación, mañanas, el norte, el sur, música de piano, puertas de madera, arena de Manilva, canciones en la ducha, platos de DJ, pantalones y camisa desabrochada, piel paseando a sus anchas, zapatos gastados, un calcetín con agujeros, mi querido desconocido, la noche de verano junto a un coche, el vaso lleno hasta los topes, el colarse en una fiesta, la estrategia, la astucia, el tacto, la pincelada.
Yo idolatro la silla en la que te sientas, cada una de las pisadas que vas dejando en las aceras, idolatro el viento que roza tu cara y que después se detiene a acariciar la mía. En mi altar tu mirada intentando esquivar la mía.
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