Hoy que el mundo se pinta de negro y en las calles queda un trozo de oscuridad, siendo aún de día. Hoy que prefiero quedarme despierta observando mi reflejo y su tristeza. Hoy que parece que no pasa el tiempo, que mi reloj de arena se ha parado. Solo nos quedó un jueves, una conversación, algo que no podíamos decir. Como si fuésemos dos conocidos, totalmente desconocidos. A mediados de febrero, y el café todavía entero. Que no nos quedaba nada que descubrir... Que no me quedabas tú, y tus arrugas en la camisa, y tu sonrisa ladeada, y que esos ojos castaños no volverían a brillar. Desapareciste, sin decir adiós, las agujas atravesaban tu cuerpo, no nos quedaban primaveras, ni inviernos, ni veranos. No nos quedaban atardeceres, ni sonrisas. No podíamos creernos que no volveríamos a vernos, que tus ojos no sonreirían más. Nadie sabía que te marcharías. Ni tú, ni yo, ni mi reflejo, maldito destino.
CADI.
CADI.
No hay comentarios:
Publicar un comentario