jueves, 2 de febrero de 2012

Tiempo.

Quiero pararme un minuto.
Me dicen que haga cosas, pero ¿cuáles? Necesito un minuto para escoger una dirección, si voy a comerme una pizza llena de queso o una hamburguesa bañada en ketchup. Es importante. Incluso la pizza puede tener veinte sabores, y no es fácil escoger. O la hamburguesa. ¿La quieres con lechuga y aros de cebolla o con cualquier otra de las mierdas que le ponen?

¿Por qué no dejan de empujarme?

Oh, sí, ellos van y se sientan y chasquean los dedos y ya  saben lo que quieren. Su cerebro y su corazón van coordinados. Respiran por inercia. Pero hay otros que necesitan saber que respiran, sentir el aire entrando y saliendo. Son los que necesitan pararse un minuto.

Aunque por detrás venga la turba, la masa sin rostro, empujando y empujando.
Por Dios, sólo un minuto.
Pero de mi tiempo.
Porque mi tiempo no tiene nada que ver con el vuestro.

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