Últimamente nada te resguarda del frío, pero aún así te levantas a las cuatro con las sábanas pegadas y sola. Quisieras destrozar todo este tiempo y volver a empezar, tu mundo está lleno de ojalas, tu muda sucia, ya da igual. Borras por si va a regresar... Escapas pero ya no puedes más. Te atas, te cuelgas, te rompes veinte veces por semana. Pones tu ilusión en la mano equivocada, que la arruga, que la quema, que duerme con ella y luego la abandona. Piensas que puedes cambiar a cualquiera, que puedes pasar por encima de otras huellas... Pero es que no ocupas tanto espacio. Eres muchedumbre, eres una cualquiera, idealizas, jodes y pierdes. Aún intentas coger ventaja en la carrera y te estrellas o te vas por un sendero equivocado. Todos llegan a tiempo menos tú, aunque él también se queda atrás. A él le gusta estar ahí, tú quieres estar con él. Te frenas, le esperas. Te mira, te folla y se pira. Te olvida. Renuncias. Tropiezas. Lloras. Encojes. No eres más que una niña que espera alcanzar sus fantasías, que comete el mismo fallo dos mil veces... Te gusta la autodestrucción, el placentero fracaso de perder algo que nunca fue tuyo. A la deriva sin naufragar. Sin pertenecer a ningún lugar. Naufragas por sus ojos, que aún te siguen diciendo "ven". No tienes ni idea. No sabes. No aprendes. Madura, joder. Sal de este puto pozo, olvídale, es complicado. Quiérete, coño, deja de sumergirte en la mierda de otros, ve a tu camino. ¿Qué no le merece la pena? A ti él no te quita la risa. No es más que tú, no eres su nadie, no eres su todo. Asúmelo, tú decidiste coger ese vuelo en vez de ir a ras del suelo.
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